Madrid. 30 de diciembre de 2007

A última hora compro en una Casa del Libro un ejemplar del “Poema de mío Cid”. Aunque ya dispongo en casa de una edición de El País, y otra anterior de Espasa Calpe, esta nueva se trata de la más pequeña, puesto que no ocupa más de quince pulgadas cuadradas. Una suerte de crisolín a cargo de una editorial llamada Simancas y que ha elaborado la colección Parnasillo.
También me hago con un texto original de mi tocayo Eça de Queiroz —hoy los portugueses prefieren escribir “Queirós”—, un volumen de cuentos que termina con “O suave milagre”. Les dejo algunas líneas: «Esses, mesmo nas noites tenebrosas, conversam com as estrelas, para eles sempre claras e fáceis nos seus segredos; com uma vara afugentam de sobre as searas os moscardos gerados nos lodos do Egipto; e agarram entre os dedos as sombras das árvores, que conduzem, como toldos benéficos, para cima das eiras, à hora da sesta. Jesus da Galileia, mais novo, com magias mais viçosas decerto, se ele largamente o pagasse, sustaria a mortandade dos seus gados, reverdeceria os seus vinhedos. Então Obed ordenou aos seus servos que partissem, procurassem por toda a Galileia o rabi novo, e com promessa de dinheiros ou alfaias o trouxessem a Enganim, no país de Issacar».

Madrid. 27 de diciembre de 2007

Me termino unos yogures que compré el otro día. Vienen a pares en tarros de cristal y se elaboran en Navarra. Iraizoz, para ser precisos. “Ingredientes: leche, leche en polvo desnatada y fermentos lácticos”.

Madrid. 26 de diciembre de 2007

En la última página de “El silencio del patinador” que he tomado de la biblioteca pública encuentro unas anotaciones con lápiz. Se tratan de desahogos por alguna ruptura o rechazo de amor. Transcribo algo: «Te estoy dejando de amar, si tú no haces algo por remediarlo. (...) Sólo estas palabras son testigo o testimonio de lo que me ocurre. Palabras que serán leídas por otras personas a quienes incito a que no hagan lo que yo ya he decidido».

Madrid. 25 de diciembre de 2007

Anoche asistimos a una Misa del Gallo en una capilla particular. El más pequeño de mis sobrinos se levantaba para ver la figura del Niño Jesús. Al volver a casa, se escuchaba a las vecinas divertirse con el karaoke.

Por la tarde pasamos por una iglesia cercana, para rezar un ratín. Los parroquianos celebran una exposición del Santísimo y entonan una versión castellana del Adeste Fideles. Un completo destrozo.

Buitrago de Lozoya (Provincia de Madrid). 23 de diciembre de 2007

Nos hemos quedado sin gasolina y durante media hora hemos tenido el coche parado en el arcén de la autovía de Burgos. Una pareja de la Guardia Civil se ha parado detrás de nosotros. Un agente me ha informado de que podían multarme, pero se han marchado sin darme ese disgusto añadido.
La grúa que nos recoge la conduce un chico de veinte años. De los dieciséis a los dieciocho trabajaba en un taller de chapa. En cuanto obtuvo el permiso de conducción, empezó con la grúa. Piercing y gps.
Nos cuenta que en algunos sitios es posible conseguir el visto bueno de la ITV, pagando un sobreprecio.

En Buitrago hace frío. Comemos unos churros desabridos.

Madrid. 22 de diciembre de 2007

He encontrado en el diccionario un vocablo que me resultaba desconocido, “eutrofia”. Muy adecuado para estas fechas.

Madrid. 21 de diciembre de 2007

Mando una felicitación postal. Sí, por correo ordinario, no e-mail.
Me encuentro debajo de la oficina. Cerca hay un par de buzones. Pero antes de echar la carta, me percato de que no he escrito el remite. Así que entro en un bar y pido, por favor, un bolígrafo. Me lo prestan y anoto mis señas en la parte trasera del sobre. Dejo el bolígrafo en la barra, mientras digo en alto: “Gracias y feliz Navidad”. Apenas terminando de hablar, me doy la vuelta y abro la puerta del bar, para salir. En eso, escucho una respuesta, casi inmediata, a mi saludo. Una voz resuelta y de timbre femenino me ha replicado: “Igualmente, guapetón”.

Madrid. 20 de diciembre de 2007

Precisamente me topo en el metro con Juan Manuel de Prada.

Ayer compré ropa. En El Corte Inglés me atiende una mujer joven, rubia, risueña, delgada, con ojos en su sonrisa. Le pregunto si venden mucho esta temporada. Bastante menos que el año pasado. En una tienda de Narváez he comprado una chaqueta con un descuento de casi el 10%.

Madrid. 19 de diciembre de 2007

En la prensa aparecen notables referencias a esa suerte de impuesto que recauda el Estado, pero que se destina directamente a una sociedad privada, la conocida como SGAE. A partir de las próximas kalendas, “los móviles serán gravados con 1,5 euros, los reproductores MP3 y MP4 tendrán un canon de 3,15 euros, y las memorias USB, 30 céntimos”, leo en El Mundo. La noticia se acompaña de un gráfico que, con ciertos errores, más o menos aclara la nueva situación de ese impuesto —canon, lo llaman— que habría sonrojado a los protagonistas de la más deforme novela basada en la pretendida “oscura Edad Media”.

Madrid. 18 de diciembre de 2007

Paseo por la biblioteca pública, donde cojo un libro de Juan Manuel de Prada, “El silencio del patinador”. En la zona de ordenadores conectados a Internet, un viejo inspecciona postales para e-mail. Chavalas que visten bikinis inspirados en el traje de Santa Claus.

Esta mañana ha llovido, y me doy cuenta de que hace tiempo que no nos caía más agua que la de los floreros en las terrazas. Hemos pasado un otoño muy seco. También me percato de que llevamos unos días que hace frío.
Y, en tercer lugar, veo que en la televisión se emiten más anuncios del Gobierno de España que de juguetes, corbatas o colonias.

Madrid. 17 de diciembre de 2007

Por la noche veo algo de “El gato al agua” en Intereconomía. Intervenía Montse Nebrera, que cada día se la ve mejor, también en lo político, claro. Mentó a la Chacón, y en eso terció Carlos Dávila, preguntando si Rubalcaba había asistido a la boda. “Como se llevan tan bien”, razonaba su inciso críptico, inteligible sólo para los iniciados. Tira con bala este hombre.

Madrid. 15 de diciembre de 2007

Ayer me dio un cliente una cesta de Navidad. Ha sido mi cliente matutino durante casi dos años. Ahora me cede un despacho en su oficina y de vez en cuando me invita a comer en Bolívar. Hoy hemos comido un arroz con verduras y parte del chorizo ibérico que se encontraba en la cesta. Tremendo.

He pasado por la zapatería del barrio. El zapatero, un hombre con barba escarchada que mira por encima de sus gafas, trabaja en un tabuco repleto de tapas, suelas, hormas. Se escucha la SER y no llega la luz del sol. Me escribe en una nota los dos arreglos necesarios. Me costarán doce euros. Dice que no hace falta que me dé recibo, porque ya me tiene conocido.
Mi madre me cuenta que el zapatero se siente del Atleti, y que padece de cáncer.

Madrid. 14 de diciembre de 2007

Echo un vistazo a las noticias. En Libertad Digital titulan que Felipe González presidirá el “Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa”.
¿Felipe González? ¿Reflexión? ¿Europa?

Madrid. 13 de diciembre de 2007

Paso por la oficina municipal donde se renueva el carné verde que permite a los residentes aparcar en las calles de su propio barrio. La gestión no me supone más de un cuarto de hora. Cabe una ventanilla, una señora despotrica de los funcionarios, farfulla y habla a voces. Le explican que debe aportar los documentos que demuestran si su póliza se encuentra en vigor. Ella replica que eso no viene indicado de modo explícito en la solicitud que cursa. Le responden que se supone que el pago de la póliza debe estar al día, y que ha de constar en el papeleo. Pero ella comienza otra vez con sus improperios. Y le vuelven a contestar lo de antes.
Algunos que son atendidos en otras ventanillas se sonríen.

Entre las calles Fernando VI y Génova coincido caminando con Àngels Barceló. Habla por teléfono y sonríe con su correcta belleza manierista catalana, y —por qué no decirlo— sus dos quilitos de más. En España existen diversos modos de beldad: la barroca, teatral y agitanada de Andalucía; la desenvuelta, decidida y chulesca de Madrid; la sanota y traslúcida riojana; la cariñosa y brillante gallega...

Madrid. 12 de diciembre de 2007

He leído en Libertad Digital que Javier Bardem pretende que Bush, Blair y Aznar sean condenados como criminales de guerra por un tribunal. Declaraciones que aparecen en Granma, uno de los más conocidos instrumentos de propaganda castrista. Como dicen sus amigos comunistas de España, Cuba es la democracia más consolidada. Todo lo opuesto a Europa y Estados Unidos.

Me entero de que Perejil sigue lejos de las pisadas moras. No se ha producido ninguna invasión popular, ni nueva “marcha verde”. El Gobierno marroquí no la ha tolerado.

Madrid. 7 de diciembre de 2007

Uno de estos días me he cruzado con un coche de matrícula alemana. La placa germánica consta de tres partes: un grupo de tres letras, otro de dos y un último de cuatro números. En este caso: BAD-TT-4444. Casualidad o no, el vehículo de marras resulta ser un Audi TT con tracción en las cuatro ruedas. Quattro.

Madrid. 3 de diciembre de 2007

Me he fijado en la decoración navideña compuesta por bombillas de las formas más diversas. Recién comenzado el Adviento, un buen número de calles añaden este tipo de iluminación llamativa, en algunos casos incluso con cierta evocación de la Natividad cristiana. A la altura de la estación de tren de Recoletos he tomado algunas imágenes.


Mirando hacia el sur.
© José María Sánchez G.


Mirando hacia el sur. Detalle.
© José María Sánchez G.


© José María Sánchez G.

Madrid. 2 de diciembre de 2007

Anoche anduvimos de cena y copas por medio Madrid. A eso de las dos o tres de la mañana aparqué en la calle Pedro de Valvidia. Se encontraba junto a la esquina del Zalacáin, esperando, una mujer con más de cincuenta o sesenta años. Se protegía del frío con un abrigo de pieles.
Al cabo de una hora recogí el coche, para regresar a casa. Aquella mujer permanecía en el mismo sitio, enfundada en las pieles. No estaba en la acera, sino en la calzada. Se trata de una calle sin tráfico, en medio de la ciudad, pero aislada. Casi tan cerrada como sus casas particulares, sus predios y sus escasas farolas.
Mientras dejaba la calle, me di cuenta de que otra mujer, también cubierta de pieles, se hallaba apostada en la calzada. Ambas carecían de aspecto atractivo, habían cumplido demasiados años y esperaban. Lo comprendí todo.

Madrid. 1 de diciembre de 2007

Cenamos a base de tapas y cazuelitas en Casa Camuñas. Me ha resultado demasiado difícil aparcar. Hay partido del Real Madrid. Al salir de la cena, el restaurante se ha llenado de gente. Me cruzo con un mestizo amerindio que viste camiseta del equipo merengue. Le pregunto por el resultado. “Hemos ganado tres a uno”, sonríe . Hemos.

Por la mañana he desayunado zumo de tres naranjas. Casi medio litro. Caigo en la cuenta de que llevo varias días sin dedicar el tiempo necesario para cada tarea importante del día: leer, dormir, rezar, comer, y poco más. Aunque paga bien, empleo demasiadas horas en mi nuevo cliente. Algo he de hacer.


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© J. M. Sánchez G.