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Madrid. 30 de marzo de 2008 Me he subido a un autobús urbano, de los encarnados. Había pocas personas; ese vehículo público se desplazaba casi vacío en medio de unas calles expeditas. Un domingo tranquilo y despejado. Madrid. 25 de marzo de 2008 La semana pasada comunicaron a mi hermana que una de las empresas de su grupo declaraba la quiebra absoluta. Trabaja en una compañía inmobiliaria. Ella está en la división para promociones, no en la de construcción, la parte del negocio que anda en número rojos imborrables. Ella, de momento, ya ha solicitado un puesto en el Ayuntamiento. Aparte de funcionarios, el Ayuntamiento dispone de plazas de aparejadores con contrato mercantil o laboral. Madrid. 24 de marzo de 2008 Me llega a casa una citación judicial. Hace seis meses, un peruano bastante borracho se me echó encima con nocturnidad completa. El problema estriba en que servidor conducía un coche. Y el peruano andaba por la calzada. El peruano se rompió un par de costillas al destrozarme el espejo retrovisor izquierdo. El Pardo. 22 de marzo de 2008 Esta mañana ha estado lloviendo. La atmósfera ha quedado más compacta, el cielo más fosforescente. Decidimos pasar la tarde en El Pardo. Hace frío, un frío saludable, tranquilo, campestre. Caminamos hasta el cementerio. Un paseo solos. Apenas nos cruzamos con un par de militares o con alguien que ha salido a correr. Los conductores de los autocares que comunican Moncloa con Mingorrubio. Cenamos ligero en un bar restaurante de la Plaza del Caudillo. Han guisado venado con tomillo. En las paredes observamos fotos de jabalís, perros, ovejas. También hay una fotografía de un vecino, Modesto Vázquez Díaz. “En Königsberg”, se lee bajo la imagen. Se trata de una instantánea de la II Guerra Mundial. Modesto, voluntario de la División Azul, conversa con dos soldados.
Madrid. 21 de marzo de 2008 Viernes Santo. En la televisión hablan sobre un atentado en Calahorra. Para las personas leídas, esta localidad riojana es la cuna de Quintiliano. Para un servidor, Calahorra connota la memoria de una antigua compañera de facultad. Rubia, alegre y guapetona, había vivido además en Méjico. Conservaba cierto deje. Durante la fiesta de fin de carrera, ella vestía un traje azul ceñido y una gasa fina que le cubría el escote. A media noche, me entregó esa suerte de muselina que llevaba. Al destapar su escote, ambos observamos que era maravilloso. Al día siguiente le devolví su cendal. Por la tarde, me he cruzado con una antigua novia. Iba acompañada de un tipo algo más alto y mayor que ella. La he visto feliz, espléndida, radiante. Me ha conmovido y alegrado. Al acercarnos, la he saludado con un sonrisa de acogida y amistad. Ella me ha respondido con un hosco “hola”, sin casi mirarme, sin aminorar su marcha. En un Vips he ojeado la prensa. La portada de El País señala con nitidez una de las preocupaciones del PSOE.
También me he fijado en este juguete. Una motocicleta mod con mando igual de retro.
Madrid. 18 de marzo de 2008 Ayer se celebraba la festividad de San Patricio, patrón de Irlanda. Por las calles no se notaba ningún tipo de conmemoración religiosa. Pero, desde hace unos años, se toma como excusa para beber cervezas en las tabernas que replican el estilo hibérnico. Recuerdo que, en una ocasión, me invitaron a una fiesta en una buhardilla que servía de apartamento, en el barrio de Salamanca. Contaba con cocina, un servicio y tres o cuatro pequeñas estancias, alguna de las cuales quizá habilitada para alcoba. El techo era bajo, y en la fiesta sólo nos encontrábamos cuatro o cinco hombres; por contra, había unas veinte mujeres. Cada tabuco de aquel estudio se hallaba abarrotado. En uno, departíamos un tal Segi, servidor y seis féminas. Segi propuso, con plena aprobación, quedar al día siguiente para degustar cervezas en honor a San Patricio.
Madrid. 17 de marzo de 2008 He repasado un par de álbumes de cromos de 1955 que una prima de mi padre completó hoja tras hoja. Se trataba de una colección en dos libros que patrocinaba Nestlé. Daban un millón de pesetas en regalos. ¿Sobre qué versaban los álbumes? Nada de fútbol, baloncesto o música de consumo fácil. Cada capítulo contaba con un texto y varias imágenes —los cromos— acerca del plancton, los insectos, los glaciares, el petróleo, los submarinos, el átomo, arquitectura... Los textos iban firmados por especialistas en la materia, como el astrónomo Hubble o el oceanógrafo Cousteau. Las páginas se fabricaron gruesas, con mucho gramaje. Las tapas, duras. Las tipografías, romanas. Los cromos, dibujos pintados con toque tenue e impresos en cuatricromía.
Madrid. 15 de marzo de 2008 Anoche —viernes de Cuaresma— cenamos en Rugantino, un restaurante italiano del Grupo Vips. La pizza de mozzarella y albahaca la encontramos deliciosa, finísima. Con una masa delgada y suave. El resto del menú contenía carne, que era lo que pedían los comensales de las mesas cercanas. El local se nos antojaba pequeño, poco confortable, demasiado caldeado. Nos dieron unos asientos estrechos, en un lugar constreñido. Y no cocinan con horno de leña. Antes, la restauración en Madrid se impregnaba de rasgos bastante marcados. “¿Qué van a querer los señores?”, preguntaba un camarero vestido de tuxedo blanco. Se conocía al dedillo las docenas de platos y bebidas disponibles. Los describía con seguridad, empleando profusión léxica, desgranando detalles. Su porte rezumaba orgullo y llaneza. Ahora, si no hay camarero castizo, más vale no olvidar aquello de que lo barato sale caro. Y eso que ya nada es barato. Madrid. 13 de marzo de 2008 Ayer y hoy he departido con personas a quienes trato con frecuencia por teléfono o correo electrónico. Como se dice de manera coloquial, hoy les pongo cara. Y al revés. Madrid. 12 de marzo de 2008 Hoy y mañana me corresponde pasear por una feria de comercio en Internet. Se celebra en un edificio destinado a convenciones, exposiciones y demás saraos. Lo que en Roma se llamaba basílica. Charlo con proveedores, posibles colaboradores, pido una camiseta, me invitan a jamón, tortilla y refrescos. Un cliente me demanda acometer este tipo de tareas, y lo paga, claro. Al mediodía entro en un cuarto de baño de este edificio de congresos. Según se entra en el servicio, hay un excusado a cada lado de la puerta. En frente, el tocador con dos o tres lavabos. Noto que están ocupados ambos retretes. Mientras espero, me lavo las manos, me mojo la cara. Junto al puesto de un expositor, en medio del recinto de empresas participantes, hay una mujer en porretas. Corrijo; lleva un tanga. Un hombre con bata le está maquillando todo el cuerpo, mientras docenas de visitantes tuercen la mirada hacia ella, o incluso se acercan a contemplarla un rato. Madrid. 11 de marzo de 2008 Mi hermano me cuenta algo de su minúscula fábrica en un pueblo de Jaén que queda casi en Córdoba. ¿O era el revés? El caso es que contrató a un par de zagales para los recados. Habían acabado la Secundaria y aun el Bachillerato. A los pocos días de tenerlos en la fábrica, los llama y les pide que envíen por correo un material. Les dicta la dirección del destinatario. Sin embargo, el cliente que debía recibir el paquete llama al cabo de casi una semana, porque no le llega nada. Mi hermano se extraña y pregunta a los jovenzuelos. Resulta que, en realidad, no saben escribir. Están convencidos de que Isabel la Católica —arquetipo del fascismo y la intolerancia— estaba casada con Franciso Franco. Eso sí, votan PSOE porque son “trabajadores”. Madrid. 10 de marzo de 2008 “África termina en los Pirineos”. Estos días he rescatado algunas fotos. El 3 de octubre de 2005 se produjo un eclipse solar visible en Madrid. En realidad, aquello fue como una nube difusa que emborrona un poco la luz del Sol. Apenas duró un minuto. Nada de tinieblas. Casi un estornudo. Y nada en comparación con la obscuridad en que nos encontramos.
Sí. He conocido africanos de gran nobleza; hombres francos y sobrios. Alegres y trabajadores. Sí. Pero hoy entiendo qué quiere decir aquello de “África termina en los Pirineos”. En Internet Política encuentro estas palabras: «En Andalucía, una hermana mía con pocos estudios recibe 600 euros a fondo perdido (no estoy seguro de la cantidad exacta) porque su marido está parado (entre otras cosas porque, a buenas horas mangas verdes, le ha dado por estudiar con casi 30 años en vez de buscarse un curro para sacar adelante a su familia :-P), más otros 600 euros para ella también por estar parada, más otros 600 como ayuda familiar (tiene un hijo y espera otro). Total ingresos= 1.800 euros grosso modo por la cara al mes». Madrid. 7 de marzo de 2008 Leo en El Mundo estos títulos: “Hallan los restos de un lago habitable en Marte. Las huellas geológicas indican que hubo un lago de unos 4.000 metros cúbicos”. ¿Un lago de 4.000 metros cúbicos? Vaya, un lago tan grande —o pequeño— como una piscina. Madrid. 27 de febrero de 2008 Por la mañana veo a un niño que no habrá cumplido tres años, quizá ni siquiera dos. Rubio, de ojos verdes, vestido con vaqueros, zapatillas de deporte y jerséy de Benetton. No para de sonreír. Lo lleva una mujer amerindia que no mide más de metro y medio. A veces lo deja suelto, y el infante corretea a su libre albedrío en medio de la vía pública. Ella no lo coge de la mano mientras esperan que cambie el disco del semáforo. Madrid. 17 de febrero de 2008 Como me ha dejado escrito Javier, he tenido un [casi, añado] imperdonable olvido de este espacio. Confío en la indulgencia de vuesas mercedes. Ha estado en casa mi hermano con sus hijos. El pequeño cumplirá ocho años en julio. Está preparando su boda. Quiere casarse con su prima Anita, de la otra familia. Se expresa con aparente convicción y plena seguridad. Le hemos comentado que debe solicitar dispensa al Papa, no sea que la consanguinidad impida el matrimonio. Él responde que pensaba invitar a Su Santidad a la ceremonia. Madrid. 16 de febrero de 2008 En la Puerta del Sol, por la tarde, veo una vieja que habla a un teléfono, sin pronunciar palabra. Luego, rebusca monedas en la cabina.
En una plaza que hay entre la Gran Vía y San Bernardo, pasamos junto a un partido de fútbol de chavales. Colocan una moqueta verde y porterías móviles.
El Pardo. 10 de febrero de 2008 Hemos pasado el día en El Pardo. Paseamos por la ribera del Manzanares. Luce un sol apacible. La felicidad —sin zeta— resulta barata, sincera, decidida y, sobre todo, sencilla.
Madrid. 3 de febrero de 2008 En la Fundación Carlos Amberes —sita en el número 99 de Claudio Coello—termina la prórroga de una exposición sobre Tintín. Hemos estado viendo cada objeto, leyendo cada anotación. Dibujos, bocetos, periódicos, variaciones de un mismo álbum, ejemplares de diferentes décadas, evolución gráfica del personaje, explicaciones sobre Georges Remi y su vida.
Madrid. 26 de enero de 2008 Hemos ido a un cine cercano a la Gran Vía. Proyectaban “American Gangster”, una película que interpreta Denzel Washington de una manera magistral. Un mafioso con principios y sentido del deber. El contraste de Russell Crowe merece la pena, aunque resulta patente que no es tan buen actor como el protagonista negro.
No sé por qué, pero últimamente noto cierta frialdad y desazón. Justo cuando todo parece más positivo. Madrid. 19 de enero de 2008 Para mi pena y la de algunos de ustedes, no me ha sido posible dedicar el tiempo necesario a estas líneas. Desde hace bastantes semanas, la cantidad de anécdotas, sucesos, noticias, comentarios, sugerencias e impresiones —ojo, enriquecedoras, substantivas— que han sucedido a mi alrededor se han quedado fuera del Dietario. Estoy leyendo “La impaciencia del corazón”, de Stefan Zweig (“Ungeduld des Herzens”). Se trata de una edición de 2006 que ha prescindido de la traducción del título que hasta ahora se manejaba en español; “La piedad peligrosa”. Paladeo cada página, cada pasaje. He estado echando una ojeada a un par de relatos de Rilke. Al igual que Zweig, menta a un actor famoso de hace cien años, Kainz. Rilke —nacido en Praga en 1875— pone en uno de sus personajes estas palabras: «Nuestro pueblo está todavía en la infancia. Muchas veces me digo que nuestro odio por los alemanes no es en absoluto político, sino, cómo lo diría... humano. Nuestro resentimiento no viene de que nos veamos obligados a compartir nuestra patria con los alemanes, sino de que crecemos bajo la férula de un pueblo adulto; y esto es lo que nos pone tristes. Es la misma historia que la del niño que crece junto a padres demasiado viejos. Aprende a sonreír antes de haber reído...» Madrid. Epifanía del Señor. 6 de enero de 2008 Doy a un cuñado “El hombre del salto” (editorial Seix Barral). Estos días he leído un par de capítulos y he echado algún que otro vistazo a dos o tres pasajes. El traductor, Ramón Buenaventura, ha redactado una versión castellana que adolece de no pocas agramaticalidades. En el capítulo titulado “En Marienstrasse” (pp. 92-100) nos escribe “Basra” en vez de “Basora”. En la página 96 nos satura de gerundios sajones: «Les habló de los niños soldado corriendo por el barro, los saltadores de minas, que llevaban las llaves del paraíso colgando del cuello. (...) tuvo que pasar por encima de la forma postrada de un hermano rezando en su camino hacia el váter». Madrid. 5 de enero de 2008 De nueve a once y media de la noche termino de comprar regalos. Estas Navidades han sido veinte. A tres sobrinos les daré una camiseta de la selección española de fútbo. Sí, la de Adidas con el emblema de la Real Federación. Madrid. 4 de enero de 2008 Han operado a mi amiga. Ya no tiene vesícula, ni las piedrecicas de su interior. Madrid. 3 de enero de 2008 En “El silencio del patinador” encuentro más notas escritas con lápiz. En medio de un relato ambientado en los años 30, veo remarcada y rodeada la palabra “condones”, y de ahí parte una flecha curva que acaba en este escolio: “En aquella época?”. Madrid. 2 de enero de 2008 Ayer felicité el año a una amiga. Me contó que otra ha pasado la Nochevieja en una clínica, por un problema de vesícula y páncreas. Por la tarde la visité. He estado a última hora de la mañana en una oficina de la Seguridad Social. Un tercio de quienes esperaban eran extranjeros. Cuando me ha llegado el turno, me he sentado en una silla cómoda y me ha atendido un hombre de edad, aseado, con ropa cuidada, clásica e informal. Le explico que el viernes pasado me llegaba una carta del Ministerio de Trabajo en que se me informaba de ciertos cambios. Madrid. Kalendae ianuariae. 1 de enero de 2008 Anoche no me enteré de las campanadas, aunque las tracas de petardos sonaron con insistencia. En mi casa sólo se escuchaba “Le nozze di Figaro”. «Molto onor, poco contante», describe una aria la vida militar. Esta mañana, el Neujahrskonzert de Viena cuenta con un director atípico, extraño, sin batuta. |
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| © J. M. Sánchez | ||||