Madrid. 30 de marzo de 2008

Me he subido a un autobús urbano, de los encarnados. Había pocas personas; ese vehículo público se desplazaba casi vacío en medio de unas calles expeditas. Un domingo tranquilo y despejado.
A mitad de mi trayecto, ha entrado un matrimonio anciano. Ella vestía un abrigo negro de astracán. Mis abuelas usaban este tipo de prendas, con su tacto irregular. Irregular e insípido, si ustedes me permiten esta expresión algo impropia. El astracán siempre se me ha antojado una suerte de antigualla; elaborada a mano durante la Dictadura de Primo de Rivera, o antes de la I Guerra Mundial. Uno de esos objetos que nos empeñamos en usar, quizá porque el tiempo no mella sus propiedades. O porque se trata de las pocas posesiones que permanecen en el mismo estado en que sentíamos cierta inocencia, magia o artesanía en la vida. Un trasunto de máquina del tiempo.
Esta señora del astracán ha perdido el equilibrio, cuando el conductor ha iniciado la marcha de forma brusca. Ella se ha asido de una barra, y su marido se ha acercado para ayudarla. Ninguno volverá a cumplir los setenta años. Se han reído; les ha parecido simpático el suceso. Se han sentado juntos, alegres, despreocupados.

Madrid. 25 de marzo de 2008

La semana pasada comunicaron a mi hermana que una de las empresas de su grupo declaraba la quiebra absoluta. Trabaja en una compañía inmobiliaria. Ella está en la división para promociones, no en la de construcción, la parte del negocio que anda en número rojos imborrables. Ella, de momento, ya ha solicitado un puesto en el Ayuntamiento. Aparte de funcionarios, el Ayuntamiento dispone de plazas de aparejadores con contrato mercantil o laboral.

Madrid. 24 de marzo de 2008

Me llega a casa una citación judicial. Hace seis meses, un peruano bastante borracho se me echó encima con nocturnidad completa. El problema estriba en que servidor conducía un coche. Y el peruano andaba por la calzada.
Me dicen en la Mutua que el peruano —o su abogado— quiere más dinero. La Mutua les ofrecía una cantidad, pero les parece poca cosa.

El peruano se rompió un par de costillas al destrozarme el espejo retrovisor izquierdo.
A ver qué nos dicen en el juzgado la semana que viene. Tráfico nocturno, testigos, parte policial, letrados. Otra manera de emplear el tiempo.

El Pardo. 22 de marzo de 2008

Esta mañana ha estado lloviendo. La atmósfera ha quedado más compacta, el cielo más fosforescente. Decidimos pasar la tarde en El Pardo. Hace frío, un frío saludable, tranquilo, campestre. Caminamos hasta el cementerio. Un paseo solos. Apenas nos cruzamos con un par de militares o con alguien que ha salido a correr. Los conductores de los autocares que comunican Moncloa con Mingorrubio.
Respiro el aroma de los pinos, los olmos y la leña que arde en las chimeneas. Se aprecia el verdor. La tarde declina y la capota del mundo se torna cada vez más obscura. Aparecen las estrellas.

Cenamos ligero en un bar restaurante de la Plaza del Caudillo. Han guisado venado con tomillo. En las paredes observamos fotos de jabalís, perros, ovejas. También hay una fotografía de un vecino, Modesto Vázquez Díaz. “En Königsberg”, se lee bajo la imagen. Se trata de una instantánea de la II Guerra Mundial. Modesto, voluntario de la División Azul, conversa con dos soldados.


© José María Sánchez G.


© José María Sánchez G.

Madrid. 21 de marzo de 2008

Viernes Santo. En la televisión hablan sobre un atentado en Calahorra. Para las personas leídas, esta localidad riojana es la cuna de Quintiliano. Para un servidor, Calahorra connota la memoria de una antigua compañera de facultad. Rubia, alegre y guapetona, había vivido además en Méjico. Conservaba cierto deje. Durante la fiesta de fin de carrera, ella vestía un traje azul ceñido y una gasa fina que le cubría el escote. A media noche, me entregó esa suerte de muselina que llevaba. Al destapar su escote, ambos observamos que era maravilloso. Al día siguiente le devolví su cendal.
Ahora está casada con un alemán. Viven en Berlín y tienen una hija.

Por la tarde, me he cruzado con una antigua novia. Iba acompañada de un tipo algo más alto y mayor que ella. La he visto feliz, espléndida, radiante. Me ha conmovido y alegrado. Al acercarnos, la he saludado con un sonrisa de acogida y amistad. Ella me ha respondido con un hosco “hola”, sin casi mirarme, sin aminorar su marcha.
Pero sigo contento.

En un Vips he ojeado la prensa. La portada de El País señala con nitidez una de las preocupaciones del PSOE.


© José María Sánchez G.

También me he fijado en este juguete. Una motocicleta mod con mando igual de retro.


© José María Sánchez G.

Madrid. 18 de marzo de 2008

Ayer se celebraba la festividad de San Patricio, patrón de Irlanda. Por las calles no se notaba ningún tipo de conmemoración religiosa. Pero, desde hace unos años, se toma como excusa para beber cervezas en las tabernas que replican el estilo hibérnico. Recuerdo que, en una ocasión, me invitaron a una fiesta en una buhardilla que servía de apartamento, en el barrio de Salamanca. Contaba con cocina, un servicio y tres o cuatro pequeñas estancias, alguna de las cuales quizá habilitada para alcoba. El techo era bajo, y en la fiesta sólo nos encontrábamos cuatro o cinco hombres; por contra, había unas veinte mujeres. Cada tabuco de aquel estudio se hallaba abarrotado. En uno, departíamos un tal Segi, servidor y seis féminas. Segi propuso, con plena aprobación, quedar al día siguiente para degustar cervezas en honor a San Patricio.


© José María Sánchez G.

Madrid. 17 de marzo de 2008

He repasado un par de álbumes de cromos de 1955 que una prima de mi padre completó hoja tras hoja. Se trataba de una colección en dos libros que patrocinaba Nestlé. Daban un millón de pesetas en regalos. ¿Sobre qué versaban los álbumes? Nada de fútbol, baloncesto o música de consumo fácil. Cada capítulo contaba con un texto y varias imágenes —los cromos— acerca del plancton, los insectos, los glaciares, el petróleo, los submarinos, el átomo, arquitectura... Los textos iban firmados por especialistas en la materia, como el astrónomo Hubble o el oceanógrafo Cousteau. Las páginas se fabricaron gruesas, con mucho gramaje. Las tapas, duras. Las tipografías, romanas. Los cromos, dibujos pintados con toque tenue e impresos en cuatricromía.
Recuerdo el único álbum de cromos que he intentado rellenar. El de la temporada 1987/8 de la Liga de fútbol. Sólo fotos y palmarés.


© José María Sánchez G.

Madrid. 15 de marzo de 2008

Anoche —viernes de Cuaresma— cenamos en Rugantino, un restaurante italiano del Grupo Vips. La pizza de mozzarella y albahaca la encontramos deliciosa, finísima. Con una masa delgada y suave. El resto del menú contenía carne, que era lo que pedían los comensales de las mesas cercanas. El local se nos antojaba pequeño, poco confortable, demasiado caldeado. Nos dieron unos asientos estrechos, en un lugar constreñido. Y no cocinan con horno de leña.
Esta noche hemos pasado por cuatro bares o restaurantes. Caros, para lo que sirven y cómo lo sirven. Al final, nos hemos decidido por un Filo. Tranquilidad, atención, comodidad, amplitud, luces acogedoras. Hemos cenado carpaccio con parmesano y arroz negro, con un rioja. Más que correcto.

Antes, la restauración en Madrid se impregnaba de rasgos bastante marcados. “¿Qué van a querer los señores?”, preguntaba un camarero vestido de tuxedo blanco. Se conocía al dedillo las docenas de platos y bebidas disponibles. Los describía con seguridad, empleando profusión léxica, desgranando detalles. Su porte rezumaba orgullo y llaneza. Ahora, si no hay camarero castizo, más vale no olvidar aquello de que lo barato sale caro. Y eso que ya nada es barato.

Madrid. 13 de marzo de 2008

Ayer y hoy he departido con personas a quienes trato con frecuencia por teléfono o correo electrónico. Como se dice de manera coloquial, hoy les pongo cara. Y al revés.
También me encuentro con alguien que llevaba años sin ver. Amparo, una antigua amiga de la playa. Es de Jaén, pero vive en Francia—y casada con un gabacho— desde principios de esta década. Sigue igual de bajita y de sonriente. Continúa hablando con ese acento jienense tamizado, ese deje andaluz con sfumato. Me encanta la simpatía —mezcla de cariño familiar y vecina entrañable— de las mujeres de Jaén ciudad. Siempre se puede charlar con ellas de cualquier tema, siempre van vestidas con tanto gracejo como discreción. Cuentan con una inteligencia emocional fascinante.

Madrid. 12 de marzo de 2008

Hoy y mañana me corresponde pasear por una feria de comercio en Internet. Se celebra en un edificio destinado a convenciones, exposiciones y demás saraos. Lo que en Roma se llamaba basílica. Charlo con proveedores, posibles colaboradores, pido una camiseta, me invitan a jamón, tortilla y refrescos. Un cliente me demanda acometer este tipo de tareas, y lo paga, claro. Al mediodía entro en un cuarto de baño de este edificio de congresos. Según se entra en el servicio, hay un excusado a cada lado de la puerta. En frente, el tocador con dos o tres lavabos. Noto que están ocupados ambos retretes. Mientras espero, me lavo las manos, me mojo la cara.
Al poco, el que estaba en el cuartito de la derecha se marcha y lo deja libre. Antes de que me disponga a entrar, uno que ocupaba el retrete de la izquierda deja su cubículo y se encierra en el de la derecha. No me gusta la idea de usar un inodoro recién abandonado por alguien que prefiere otro servicio. Me quedo algo perplejo y cavilo sobre la conveniencia de dirigirme a la otra ala del edificio. En esto, veo reflejado en el tocador un tercer hombre. Acaba de salir del excusado de la izquierda.
No abro la puerta de ninguno de los retretes. Hay más servicios. Micciono en un cuarto de baño que localizo en el extremo opuesto de la planta. Aunque desconozco quiénes lo han visitado antes —ni con cuál intención.

Junto al puesto de un expositor, en medio del recinto de empresas participantes, hay una mujer en porretas. Corrijo; lleva un tanga. Un hombre con bata le está maquillando todo el cuerpo, mientras docenas de visitantes tuercen la mirada hacia ella, o incluso se acercan a contemplarla un rato.
Ya se sabe. Feria comercial.

Madrid. 11 de marzo de 2008

Mi hermano me cuenta algo de su minúscula fábrica en un pueblo de Jaén que queda casi en Córdoba. ¿O era el revés? El caso es que contrató a un par de zagales para los recados. Habían acabado la Secundaria y aun el Bachillerato. A los pocos días de tenerlos en la fábrica, los llama y les pide que envíen por correo un material. Les dicta la dirección del destinatario. Sin embargo, el cliente que debía recibir el paquete llama al cabo de casi una semana, porque no le llega nada. Mi hermano se extraña y pregunta a los jovenzuelos. Resulta que, en realidad, no saben escribir. Están convencidos de que Isabel la Católica —arquetipo del fascismo y la intolerancia— estaba casada con Franciso Franco. Eso sí, votan PSOE porque son “trabajadores”.
Lo cual me lleva a comentarles, queridos lectores, que hace unas semanas me confundí. El Ministro Caldera no me ha encarecido un 12% la cuota mensual de la Seguridad Social. Aquello lo calculé en diciembre, cuando no había nuevas obligaciones onerosas impuestas por este Gobierno. A principios de febrero consulté el primer recibo de este año; me cobran no un 12%, sino un 14% de más.

Madrid. 10 de marzo de 2008

“África termina en los Pirineos”.
¿Qué más da la educación, la subida de impuestos y precios, el incremento del paro, la delincuencia, la inmigración ilegal, la precariedad laboral? ¿Qué más da, si lo importante es que no gobiernen “los otros”?

Estos días he rescatado algunas fotos. El 3 de octubre de 2005 se produjo un eclipse solar visible en Madrid. En realidad, aquello fue como una nube difusa que emborrona un poco la luz del Sol. Apenas duró un minuto. Nada de tinieblas. Casi un estornudo. Y nada en comparación con la obscuridad en que nos encontramos.


© José María Sánchez G.

Sí. He conocido africanos de gran nobleza; hombres francos y sobrios. Alegres y trabajadores. Sí. Pero hoy entiendo qué quiere decir aquello de “África termina en los Pirineos”.

En Internet Política encuentro estas palabras: «En Andalucía, una hermana mía con pocos estudios recibe 600 euros a fondo perdido (no estoy seguro de la cantidad exacta) porque su marido está parado (entre otras cosas porque, a buenas horas mangas verdes, le ha dado por estudiar con casi 30 años en vez de buscarse un curro para sacar adelante a su familia :-P), más otros 600 euros para ella también por estar parada, más otros 600 como ayuda familiar (tiene un hijo y espera otro). Total ingresos= 1.800 euros grosso modo por la cara al mes».

Madrid. 7 de marzo de 2008

Leo en El Mundo estos títulos: “Hallan los restos de un lago habitable en Marte. Las huellas geológicas indican que hubo un lago de unos 4.000 metros cúbicos”. ¿Un lago de 4.000 metros cúbicos? Vaya, un lago tan grande —o pequeño— como una piscina.
Sigo por el desarrollo del texto y me entero de que la capacidad calculada era de 4.000 kilómetros cúbicos. La cosa cambia; se trataría de un lago tan extenso casi como la provincia de Pontevedra, con una profundidad media de un kilómetro.
Me pregunto si en este país hay un número suficiente de personas que reparan en estos detalles.

Madrid. 27 de febrero de 2008

Por la mañana veo a un niño que no habrá cumplido tres años, quizá ni siquiera dos. Rubio, de ojos verdes, vestido con vaqueros, zapatillas de deporte y jerséy de Benetton. No para de sonreír. Lo lleva una mujer amerindia que no mide más de metro y medio. A veces lo deja suelto, y el infante corretea a su libre albedrío en medio de la vía pública. Ella no lo coge de la mano mientras esperan que cambie el disco del semáforo.

Madrid. 17 de febrero de 2008

Como me ha dejado escrito Javier, he tenido un [casi, añado] imperdonable olvido de este espacio. Confío en la indulgencia de vuesas mercedes.

Ha estado en casa mi hermano con sus hijos. El pequeño cumplirá ocho años en julio. Está preparando su boda. Quiere casarse con su prima Anita, de la otra familia. Se expresa con aparente convicción y plena seguridad. Le hemos comentado que debe solicitar dispensa al Papa, no sea que la consanguinidad impida el matrimonio. Él responde que pensaba invitar a Su Santidad a la ceremonia.
Ha pedido a la abuela—id est, mi señora madre— que cocine los manjares que planea para el bodorrio: arroz, huevos fritos, salchichas, coca, pollastre, y otros platos caseros. De bebidas; Fanta, Sprai (sic), Acuarius (sic), cerveza, etc. Sus hermanos se divierten sugiriéndole mejoras en el menú y el lugar del casamiento.
Él telefonea a Anita todos los sábados por la mañana.
No sé hasta qué punto procede con ingenuidad, o la aparenta.

Madrid. 16 de febrero de 2008

En la Puerta del Sol, por la tarde, veo una vieja que habla a un teléfono, sin pronunciar palabra. Luego, rebusca monedas en la cabina.


© José María Sánchez G.

En una plaza que hay entre la Gran Vía y San Bernardo, pasamos junto a un partido de fútbol de chavales. Colocan una moqueta verde y porterías móviles.


© José María Sánchez G.

El Pardo. 10 de febrero de 2008

Hemos pasado el día en El Pardo. Paseamos por la ribera del Manzanares. Luce un sol apacible. La felicidad —sin zeta— resulta barata, sincera, decidida y, sobre todo, sencilla.
De noche, vuelto a casa, me tomo un negroni.


© José María Sánchez G.


© José María Sánchez G.

Madrid. 3 de febrero de 2008

En la Fundación Carlos Amberes —sita en el número 99 de Claudio Coello—termina la prórroga de una exposición sobre Tintín. Hemos estado viendo cada objeto, leyendo cada anotación. Dibujos, bocetos, periódicos, variaciones de un mismo álbum, ejemplares de diferentes décadas, evolución gráfica del personaje, explicaciones sobre Georges Remi y su vida.
Por lo que un servidor ha podido conocer desde hace tiempo, Hergé proyectaba en Tintín el hombre que quería o hubo querido ser. En un principio, el reportero rubiales de tupé y perrito parlanchín fueron diseñados como modelo de conducta para los jovenzuelos católicos belgas. Tintín y Milú representaban el valor, la amistad, el amor a la naturaleza, la sobriedad, el compromiso y otras virtudes que hoy han quedado desfasadas.
Aparte, servidor detecta en Tintín una cierta melancolía, algo de insatisfacción consigo mismo o con la condición humana. Hergé sufrió varias crisis, lo acusaron de racista y de colaborar con los nazis. Se divorció tras cuarenta años de matrimonio —quince de ellos separado de su esposa—, y se unió en segundas nupcias con una mujer bastante más lozana que él; la había conocido en los Estudios Hergé. Su muerte dejó a medias la aventura “Tintín y el Arte-Alpha ”. El protagonista se encontraba en penosos apuros en la última viñeta bosquejada. Algunos ¿entendidos? especulan con la hipótesis de que se trataba de un álbum soberbio sellado con el óbito de este héroe.


Un servidor en el aeropuerto de Bruselas
© J. Mª Sánchez G. & J. Chimeno


El cambio en los trazos rezuma hondura en el personaje
© Casterman & Editorial Juventud


© Casterman & Editorial Juventud
La Editorial Juventud, fundada en 1923, publica las historias de Tintín en España desde 1958.
En 1952, Casterman editó versiones en castellano y catalán que lograrían escaso éxito en nuestro país. Juventud populariza sus traducciones al catalán desde 1964.
Durante 1957, la revista “Blanco y Negro” ilustró sus páginas con viñetas de Tintín.


El primer hombre en la Luna
© Casterman

Madrid. 26 de enero de 2008

Hemos ido a un cine cercano a la Gran Vía. Proyectaban “American Gangster”, una película que interpreta Denzel Washington de una manera magistral. Un mafioso con principios y sentido del deber. El contraste de Russell Crowe merece la pena, aunque resulta patente que no es tan buen actor como el protagonista negro.
Antes de entrar en el cine hemos visto una bufanda que vendían en un kiosco. En la bufanda se lee una antológica frase de nuestro monarca.


© José María Sánchez G.

No sé por qué, pero últimamente noto cierta frialdad y desazón. Justo cuando todo parece más positivo.

Madrid. 19 de enero de 2008

Para mi pena y la de algunos de ustedes, no me ha sido posible dedicar el tiempo necesario a estas líneas. Desde hace bastantes semanas, la cantidad de anécdotas, sucesos, noticias, comentarios, sugerencias e impresiones —ojo, enriquecedoras, substantivas— que han sucedido a mi alrededor se han quedado fuera del Dietario.
Aprovecho este sabbat para dejar anotada parte de cuanto ustedes y un servidor queríamos tener escritos.

Estoy leyendo “La impaciencia del corazón”, de Stefan Zweig (“Ungeduld des Herzens”). Se trata de una edición de 2006 que ha prescindido de la traducción del título que hasta ahora se manejaba en español; “La piedad peligrosa”. Paladeo cada página, cada pasaje.
En la página 56 encuentro una descripción de una cabalgada matutina, con el sol que despunta y el frescor del bosque. El rocío permanece aún sobre las flores, y la tierra parece respirar. El caballo y el jinete se acaloran con la carrera, sienten la sangre que se mueve por las venas y arterias con un vigor despierto y solitario.

He estado echando una ojeada a un par de relatos de Rilke. Al igual que Zweig, menta a un actor famoso de hace cien años, Kainz. Rilke —nacido en Praga en 1875— pone en uno de sus personajes estas palabras: «Nuestro pueblo está todavía en la infancia. Muchas veces me digo que nuestro odio por los alemanes no es en absoluto político, sino, cómo lo diría... humano. Nuestro resentimiento no viene de que nos veamos obligados a compartir nuestra patria con los alemanes, sino de que crecemos bajo la férula de un pueblo adulto; y esto es lo que nos pone tristes. Es la misma historia que la del niño que crece junto a padres demasiado viejos. Aprende a sonreír antes de haber reído...»
La disertación continúa con una reflexión sobre la cultura checa. Algunos pretenden disponer, a toda prisa, de un patrimonio cultural sólido; y comienzan con la admiración hacia vestigios antiquísimos que, sin embargo, carecen de conexión con la actualidad y con el folclore. Luego, se atiborran de préstamos de Francia, un país que al personaje se le antoja acabado. De esta forma, la cultura checa queda reducida a viejos y a niños. Los unos son incapaces de comprender a los otros. En realidad, su identidad se encuentra provecta en su mera gestación, cuando aún no han podido proclamarse nación.

Madrid. Epifanía del Señor. 6 de enero de 2008

Doy a un cuñado “El hombre del salto” (editorial Seix Barral). Estos días he leído un par de capítulos y he echado algún que otro vistazo a dos o tres pasajes. El traductor, Ramón Buenaventura, ha redactado una versión castellana que adolece de no pocas agramaticalidades. En el capítulo titulado “En Marienstrasse” (pp. 92-100) nos escribe “Basra” en vez de “Basora”. En la página 96 nos satura de gerundios sajones: «Les habló de los niños soldado corriendo por el barro, los saltadores de minas, que llevaban las llaves del paraíso colgando del cuello. (...) tuvo que pasar por encima de la forma postrada de un hermano rezando en su camino hacia el váter».
Empero, recomendable. Aquí les dejo un par de frases memorables de la pagina 82. «Su padre fue católico tradicional no practicante, devoto de la misa en latín mientras no lo obligaran a escucharla».

Madrid. 5 de enero de 2008

De nueve a once y media de la noche termino de comprar regalos. Estas Navidades han sido veinte. A tres sobrinos les daré una camiseta de la selección española de fútbo. Sí, la de Adidas con el emblema de la Real Federación.
Luego cenamos en Fass, junto al Colegio Alemán. Salchichas, patatas, salsas, ensalada de aguacate y un rollo de pasta —wrap— con verduras. Poco antes de la una de la noche nos piden que paguemos, porque quieren cerrar el restaurante. Hacía un año que no venía. La anterior vez organicé una cena para quince o veinte. Dos se conocieron ese día. Y ayer nos entregaron la invitación de boda.

Madrid. 4 de enero de 2008

Han operado a mi amiga. Ya no tiene vesícula, ni las piedrecicas de su interior.

Madrid. 3 de enero de 2008

En “El silencio del patinador” encuentro más notas escritas con lápiz. En medio de un relato ambientado en los años 30, veo remarcada y rodeada la palabra “condones”, y de ahí parte una flecha curva que acaba en este escolio: “En aquella época?”.
El pretérito lector, aparte de no emplear el signo de apertura de interrogación, se me antoja un tanto escaso de culturilla. El vocablo “condón” ya existía en los diccionarios de por aquel entonces, y —según algunos— deviene de un tal Condom, un supuesto inglés del siglo XVIII que fabricase tales artilugios para el rey. Al respecto hay disputas. Sin embargo, resultan variadas las referencias a profilácticos más o menos rudimentarios —nada de látex, claro— del Antiguo Egipto, Roma, Grecia, la literatura médica o de ficción de los siglos XVI, XVII y XVIII.
Leo otro comentario de la misma caligrafía. En esta ocasión, considera anacrónico el empleo del término “zapatista”. O bien el pretérito lector desconoce quién fue Emiliano Zapata, o bien no se hubo enterado de las palabras de alrededor: «Iba vestido con un uniforme incongruente, mitad de miliciano, mitad de rebelde zapatista: me llamaron la atención el sombrero mejicano y el cinturón erizado de pistolas y puñales, como una panoplia».

Madrid. 2 de enero de 2008

Ayer felicité el año a una amiga. Me contó que otra ha pasado la Nochevieja en una clínica, por un problema de vesícula y páncreas. Por la tarde la visité.
Hubimos aprovechado la visita para comprar algunos regalos, porque enfrente de la clínica hay un Crisol, una las pocas tiendas que abren en Año Nuevo. A la convalenciente le traje “Las cinco personas que encontrarás en el cielo”, de Mitch Albom. Me topé por los anaqueles con “El hombre del salto”, de Don DeLillo, cuya referencia conocía por David Álvarez. Una novela acerca del 11-S.

He estado a última hora de la mañana en una oficina de la Seguridad Social. Un tercio de quienes esperaban eran extranjeros. Cuando me ha llegado el turno, me he sentado en una silla cómoda y me ha atendido un hombre de edad, aseado, con ropa cuidada, clásica e informal. Le explico que el viernes pasado me llegaba una carta del Ministerio de Trabajo en que se me informaba de ciertos cambios.
Resulta que el Ministro Caldera va diciendo por ahí que nos ha “ampliado” los derechos a los autónomos. En realidad nos obliga a contratar una mutualidad, lo cual antes era voluntario. A resultas de esta situación, la cuantía mensual que debo abonar a la Seguridad Social aumenta este año un 12%.
Ahora me corresponde indicar cuál mutualidad elijo.
Charlo un par de minutos con el funcionario, quien parece comprender el perjuicio que me supone esta modificación de mi régimen laboral. Añade que, en general, acaban de subir los precios una barbaridad. “Espero que a la hora de votar la gente tenga esto en cuenta”, apostilla.

Madrid. Kalendae ianuariae. 1 de enero de 2008

Anoche no me enteré de las campanadas, aunque las tracas de petardos sonaron con insistencia. En mi casa sólo se escuchaba “Le nozze di Figaro”. «Molto onor, poco contante», describe una aria la vida militar. Esta mañana, el Neujahrskonzert de Viena cuenta con un director atípico, extraño, sin batuta.
Como ven ustedes, algunas cosas pueden cambiar de un año a otro. Para un servidor, se trata de un día más. Nada menos.


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© J. M. Sánchez G.