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Soto del Real. 17 de mayo de 2008 Ayer estuve en Las Ventas. Y esta noche me he deleitado con los olores de la leña quemada, la carne a la piedra o las hamburguesas enormes de Julian’s. Madrid. 16 de mayo de 2008 Después de unas semanas con bastante ajetreo, me siento para escribirles —oh, queridos lectores— impresiones cotidianas. Madrid. 13 de mayo de 2008 Día de Fátima. Ayer, tras devolver “El mandarín”, vi estas camisetas en un escaparate.
Madrid. 12 de mayo de 2008 Estos días he leído un par de libros: “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” (Zweig) y “El mandarín” (Eça de Queiróz). Del primero emana el gusto del escritor austriaco, su finura, su precisión, su empatía e indulgencia, y el paladar de sus personajes. Soberbio, impregnado de la dulzura naranja de un atardecer. El segundo resulta a ratos delicuescente, aunque logra una narración compacta. Tiene altibajos en sus ironías; algunas encajan, otras resultan abstrusas o incluso ambiguas. Se percibe en algunas páginas cierta contradicción, ideas apelotonadas que recuerdan a una salsa dulce que disimula el aroma de una carne magra. El portugués, empero, consigue describir al funcionario que se vuelve millonario de un día para otro, y que acaba viajando a la China imperial y decadente.
Madrid. 9 de mayo de 2008 Recibo este mensaje escrito en mi teléfono móvil: “(...) Natali, edad 26, empresaria, acabo de llegar a Espana. Te envio MI VIDEO. Busco CHICOS. Envia NATALI al (...)”. Hace unas semanas descubrí este vídeo en YouTube. Me recuerda a los campamentos en que estuve cuando tenía doce o catorce años. Pasé un par de Semanas Santas y el principio de tres veranos en campamentos. Dormíamos en tiendas sujetas al suelo con vientos y estacas. Las tiendas a veces estaban hechas de algún material sintético que repelía la lluvia, o bien de lona y se empapaban con las tormentas estivales. Por lo general, en cada una cabíamos unos diez chavales y uno o dos monitores. Los llamábamos “jeques”. Algunos “jeques” tocaban la guitarra interpretando “Maldito cumpleaños” (Los Nikis), “Aquí no hay playa” (The Refrescos), varias canciones de U2, e incluso una que relataba los avatares de un esclavo negro; recogía agoldón para su amo —un tal Macoy— y acababa fugándose. En mi primer campamento no había duchas. Nos encontrábamos al lado de un río turbio habitado por insectos y ranas. Cubría cosa de metro o metro y medio. Ahí nos bañábamos y limpiábamos nuestros platos metálicos después de cada rancho. Los restregábamos con la arena de la ribera. En otras ocasiones, las duchas se hallaban a la intemperie, o nos sumergíamos en una alberca de agua grisácea. Madrid. 4 de mayo de 2008 Entro de un Vips. Ojeo los libros y me encuentro con este.
Madrid. 2 de mayo de 2008 Recojo a mi hermana y mis sobrinos en la estación de Atocha. Mañana tenemos la Primera Comunión de otro sobrino.
Me doy cuenta de que uno de ellos luce una keppá con los colores del Maccabi y una estrella de seis u ocho puntas.
Después, paseamos por El Retiro. No se cansan, pero sí se extrañan de la cantidad de sudamericanos y negros de que se atesta el parque. Les encanta subir al autobús. Madrid. 25 de abril de 2008 Consulto la web del Abc. En la portada, junto a los titulares de interés, colocan una entrada especial sobre las cien mujeres más deseadas por los españoles. El diario monárquico muestra, así, su esmero periodístico y su afán por ofrecer criterio social y político. Dentro del elenco de bellezas no se encuentran Kylie Minogue ni Nicole Kidman. Es más; unas cuarenta beldades figuran como “entrada nueva”, lo que también señala el planteamiento humanístico y el reposo mental de quienes han votado en esta encuesta sobre féminas agraciadas. La que aparece en el primer puesto es Pilar Rubio, una joven desconocida un par de años atrás. Les dejo estas dos imágenes de la Rubio. Seguro que, si encuentran las dos diferencias, adivinarán por qué razones ha sido elegida como la más deseada. No, no me refiero a su cabello.
Madrid. 24 de abril de 2008 Debido a un par de invitaciones, me he dado de alta en FaceBook. Me sorprendo de que casi todos mis conocidos traban algún tipo de relación entre sí. Aunque, en varios casos, no sé quién los ha presentado. No un servidor. ¿Por qué uno de mis amigos está en la lista de un profesor de mi Facultad? Jamás se han visto. Cosas de esta aldea llamada España. Madrid. 23 de abril de 2008 Este lunes por la noche iba leyendo “El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde” por el metro. Bajando unas escaleras, no me percaté del último escalón. Tropecé, haciéndome daño en el pie izquierdo. Siempre la izquierda ocasiona problemas. Madrid. 21 de abril de 2008 El viernes por la noche me crucé con Ignacio Escolar, el que dirige Público. Su desaliñada barba, sus andares, sus acompañantes, su mirada torva. Impermeable a otra voz. Resulta evidente; quis sicut is para cooperar con Rodríguez en esa tarea “intelectual”, en ese traer el novus homo. Hominibus novis novi homines ferendi. Añado un par de fotografías.
Madrid. 19 de abril de 2008 He leído en El Confidencial que Rodríguez Zapatero se dirigió a Olga Viza para proponerle el cargo de Secretaria de Estado de Comunicación, aunque ella ha rechazado. El cejudo ha pensado en otras periodistas cuya orientación política resulta bastante conocida: Àngels Barceló y Nieves Goicoechea. Por cierto, ¿no había sido Olga Viza la moderadora del segundo debate contra Rajoy? El otro día compré un par de sobres largos en una papelería que hay cerca del despacho. La regenta un señor de unos sesenta que escucha la COPE en un transistor; lo tiene algo escondido en medio de todo el género. El local se encuentra abigarrado de libros, cajas, postales, cuadernos. Apilados sin orden concreto, aunque el tendero localiza en un periquete cualquier artículo que se le pide. Una fina capa de polvo cubre gran parte de las cajas y la esquina del mostrador, único palmo de mueble despejado. Tal es el desparrame y altura del material, que en la tienda sólo cabe un cliente. Los demás esperan en el umbral. Hace unos días me desplazaba en autobús. Dos paradas después de subir un servidor, un viajero entró y no paró de hablar con el conductor. Que si la huelga, que si antes la línea era una maravilla, que si antes daba gusto montarse. Se expresaba con alegría y desenvoltura, sin esperar que nadie le contradijera. Se bajó soltando un “viva la república”. Casi un mes atrás, tomé esta fotografía. Pocos días después, vi casi unos cuarenta coches de porte —grandes, negros, caros— aparcados junto a El Retiro. Pululaban docenas de chinos trajeados. Y una novia. Y dos limusinas. ¿Son estos asiáticos los dueños de las “tiendas de conveniencia”?
Madrid. 15 de abril de 2008 Por la mañana, de camino al metro, he olido la hierba recién cortada de los parterres. Cuando olvidemos a Zapatero y la Chacón, seguiremos teniendo en nuestras calles romero, lavanda, pinos y violetas. Al volver a casa he visto un portal privado de la calle Arturo Soria. Parece descuidado y he tomado algunas fotografías.
Al regresar a casa, me he fijado en este anuncio de una parada de autobús.
Me pregunto si los que idearon el cartel y decidieron colocarlo han pensado en los viandantes. O si han pensado en quienes esperan el autobús. O en los niños que salen del colegio. Por cierto, en el otro extremo de la marquesina hay un anuncio de lencería. Madrid. 14 de abril de 2008 He participado en una reunión vespertina con un cliente que no termina de enterarse de algunos aspectos. Me he reunido con él media docena de veces desde diciembre, y le he pasado varios memorandos, documentos explicativos, diagramas y esquemas. Pero me requiere cada mes, para que le explique todo de nuevo. Al menos paga con puntualidad. En su oficina he ojeado la portada de El Mundo. Impagable. Ecce un titular: “La Generalitat [de Catalunya] saca de la cárcel a 4 (sic) violadores tras cumplir cinco meses de su condena de 12 años”. Sigue así: “Concede el tercer grado a 3 drag queens y una go-gó (sic) que abusaron sexualmente de un joven de 18 años”. Aprovecho para preguntarles, queridas lectoras. ¿Cuántas de ustedes negocian su sueldo? Madrid. 12 de abril de 2008 Esta mañana me he levantado algo pronto. Tras tomar un plátano y unas galletas palentinas con leche, me he ido en coche al aeropuerto. Un amigo que vive en Ginebra —y antes en Miami— iba a permanecer un par de horas en la Terminal 4, ya que viajaba desde la ciudad helvética hasta Méjico, y la escala de los trayectos de Iberia se realiza en nuestra villa. Otro amigo también pensaba acudir para saludarlo. Luego he esperado a que saliera mi amigo. Tras casi una hora después del aterrizaje del avión de Ginebra, no lo he visto salir por la puerta correspondiente. Me he marchado, mientras enviaba un mensaje al teléfono móvil del otro amigo. Me ha respondido, escribiéndome que el enlace de Ginebra para Méjico no se produciría de 9 a 11 de la mañana, sino de la noche. Después de aparcar, he entrado en un supermercado para comprar fruta y pan. Todas las cajas atendían sendas nutridas colas. Me he dirigido a la que se llama “caja rápida”, destinada para despachar un máximo de diez artículos por cliente. Los dos o tres anteriores a un servidor llevaban, efectivamente, escasa mercancía. Pero los que en ese momento embolsaban su género, y veían pasar su comida por el lector de barras, excedían de largo los diez artículos. En mi turno, he preguntado a la cajera si, a fin de cuentas, aquella era la “caja rápida”. Me ha reconocido que así se lo había comentado a esos clientes, pero ellos no se habían avenido a razones y le habían contestado con malas formas. El encargado poco arreglaría, y ella se ha tragado su orgullo. En la prensa he leído el elenco de ministros. Siguen los más simpáticos: Bermejo, la Maleni. Han inventado un Ministerio de Igualdad. Si traducimos el vocablo “igualdad” —dicho por un socialista— al español, nos hemos de esperar poco bueno del Ministerio. Además, la Chacón recibe la cartera de Defensa. Me sorprende una barbaridad esa capacidad estoica de los militares para soportar las vejaciones y obedecer. Madrid. 11 de abril de 2008 En la Plaza de Ruiz Giménez —la de San Bernardo, si ustedes prefieren— he visto a uno que vestía con una camiseta pintada con rotuladores negro y rojo. Leo nombres de programas emitidos antaño en la televisión estatal: “Un, dos, tres”, “Barrio Sésamo”, “Verano Azul”, “Los ángeles de Charlie ”. Y nombres de personas que nos resultan conocidas: Pedro Ruiz, Gloria Fuertes, Tina Turner, Bibiana Fernández, Julia Otero. Algunas letras están desvaídas. Quizá por los lavados.
Mi madre trata a diario en casa con tres inmigrantes. Una limpia por la mañana, otra baña y lava a su nonagenaria progenitora —mi abuela— por la tarde, y la última ducha a dos nietos suyos y los tiene a su cargo hasta que llega mi hermana para recogerlos. Las tres inmigrantes y mis sobrinos comen fruta, pan, leche, tortilla de patatas o espárragos verdes, queso, chocolate, yogures y galletas que se encuentran en este hogar. Mi madre dice que la comida les resulta cara, y que sólo en esta vivienda pueden completar su alimentación. Alguna comparte piso con gente de todo percal. A veces no cenan. O apenas almuerzan. Les encantan las manzanas. Mi madre las compra golden; un servidor las trae red chief. Madrid. 10 de abril de 2008 Junto a la Plaza del Marqués de Salamanca espero un semáforo. A mi lado está una mujer de unos cincuenta años con dos chicas de entre doce y catorce. Charlan entre sí con familiaridad. Las niñas visten ropa hípica, incluso botas y fusta. Las tres tienen pelo lacio, largo y rubio. La señora les explica cómo deben dominar al caballo, para que el animal sepa quién lleva las riendas, nunca mejor dicho. Al cabo de un momento empiezan a hablar en francés. Llego a casa, pero me dice una vecina en el portal que hay un incendio en el edificio. Subo y me voy cruzando con otros habitantes del inmueble. Casi todos en bata, pijama o chándal. No los noto tranquilos. Por las escaleras alcanzo el tercer piso, atestado de humo. Huele a materiales sintéticos chamuscados. No arde nada, las llamas se han extinguido. Dos o tres nos acercamos al umbral de la casa donde el fuego ha destrozado la cocina. Los inquilinos se han marchado, dejando la puerta abierta. Me encuentro agotado y con ganas de trabajar. Madrid. 9 de abril de 2008 La lluvia intensifica el follaje de los árboles y torna la atmósfera delicuescente. Me desplazo en metro. El tren se mueve a trompicones, frena con brusquedad en cada estación. Incluso se abren las puertas antes de detenerse. Circulamos con las puertas abiertas durante unos pocos segundos, recorriendo casi veinte metros junto al andén. Me apeo y me dirijo a la ventana del conductor. Baja la luna y le explico los problemas, en especial el último. Se trata de un hombre joven, menor de treinta o treinta y cinco años. Madrid. 8 de abril de 2008 En el metro un hombre quincuagenario recorre el pasillo, flirteando con una mujer pechugona que pasa por ahí. Ella replica iracunda a sus pretendidos piropos. Evito imaginar qué fórmulas emplea este donjuán para cortejar. Pero lo intenta con dos féminas más, con similar éxito. Madrid. 5 de abril de 2008 Hoy se celebra un homenaje a don Gonzalo Redondo, quien me impartió clases de Historia durante la carrera. Recuerdo su agudeza, su ironía, su majestad, su serenidad. Y su cariño, su capacidad de retener detalles entrañables. Le encantaba el tabaco y el café. Un santo, un sabio, un hombre castizo y divertido que, sin decirlo, nos animaba a reírnos con la vida. No paraba de hablar sobre la libertad, la sociedad. La conciencia. La razón. Debí escribirle más, después de terminar mis estudios. La única carta que le mandé, le llegó cuando se hallaba moribundo. Me apena que no estuviera lúcido cuando se la leyeron. Padecía la última fase del cáncer de pulmón. La morfina no deja más que entrever luces difusas. No transcurrió ni una semana más de su paso por este mundo. Abiit. Lo echo de menos.
Madrid. 4 de abril de 2008 Una imagen a veces vale más que cualquier palabra.
Madrid. 2 de abril de 2008 Estos días se habla de estropicios judiciales, en gran medida causados por una estructura administrativa que bien pudiera denominarse chapucera y dejada de la mano de Dios. No sé si al Gobierno le interesa la polémica, para justificar un mayor intervencionismo a la hora de controlar los diversos tribunales. Pero da la impresión de que al Ministro de Justicia y a los Consejeros autonómicos del ramo les resulta ajeno este berenjenal. Algunos acusan a los jueces de aplicar sentencias flojuchas. Las que aparecen en las leyes elaboradas por Zetapé y sus colegas de “profesión”. Me contaron que uno había contratado a un marroquí, pero se arrepintió al cabo del tiempo de prueba. Le comunicó que no contaba más con su presencia en el trabajo. El moro lo denunció por discriminación y malos tratos. Me enteré del embrollo in medias res, y el desenlace parecía postergarse sin visos de esperanza para el denunciado. Madrid. 1 de abril de 2008 He tenido la sesión oral del juicio que me ha planteado aquel peruano. En la demanda, este amerindio asegura que cruzó la calle por el paso de peatones, mientras el semáforo lucía un muñequito verde. En el atestado policial y la declaración de testigos se afirma justo lo contrario. Leo en las diligencias policiales que el peruano estaba bastante borracho y que llegó a reconocer que había tomado hasta ocho cervezas. ¿Ocho o dieciocho? Da igual. Además, el demandante se echó contra el lateral del coche. Otro americano del Sur se ha presentado al juicio. Es un testigo que aporta una versión de los hechos opuesta a la del peruano, y coincidente con la mía. Dice que, aunque este no sea su país, se ve obligado en conciencia a defender a quien tiene la razón. Canta en una coral.
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| © J. M. Sánchez G. | ||||