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Madrid. 30 de septiembre de 2008 Me entero de que la ministra de Igualdad y una diputada del Partido Popular se han puesto de acuerdo en algo. Les molesta un anuncio del Ministerio de Economía y Hacienda —aún no emitido—, porque les suena a machista. De modo que un Ministerio diseña una campaña de comunicación y otro Ministerio la chafa. Coordinación y acción ejecutiva de un Gobierno atento a las necesidades de los ciudadanos. Madrid. 29 de septiembre de 2008 El viernes los de Época publicaron una nueva entrega de su revista; destacaban un reportaje sobre Jaime de Marichalar. Comentan algo de la cocaína. Muchos periodistas y editoriales de medios se han escandalizado y motejan a Época de amarillismo. El Grupo Intereconomía —dueño de la revista— cada día cae peor a bastante gente en Mediapro, Prisa, Vocento e incluso la Cope. Como todos ustedes saben, Mediapro, Prisa, Vocento y Cope son preclaros ejemplos de deontología periodística, prudencia, mesura y honestidad profesional. Hablando de estas virtudes tan extendidas en los comunicadores españoles, me entero de lo que ha sucedido en el debate de La Noria (Telecinco). Resulta que en este espacio que Jordi González dirige con sabiduría y hondura intelectual —amén de su atractivo con ribetes de San Paul Newman—han intercambiado pareceres muy moderados María Antonia Iglesias y Miguel Ángel Rodríguez. Ella le ha espetado: “Eres un machista y un cabrón”.
Madrid. 27 de septiembre de 2008 He cocinado a base de restos. Tenía pimientos verdes, tomates y medio puerro. Los he pochado con algo de especias. Luego, chorizo; más tarde, salchichas. Mientras, he dejado cociendo algo de arroz. Luego lo he mezclado todo en la cacerola. El chorizo impregna los demás alimentos de un aroma y un sabor intesos y estimulantes. Por la tarde he comprado algo de fruta y una batería en un centro comercial cercano a mi casa. En la frutería casi todo el género se encuentra a mano de los clientes, para que cada cual se surta como mejor le plegue. Después, hay que dirigirse a un despacho donde uno o dos encargados pesan las bolsas de fruta. Colocan una etiqueta que imprime la misma balanza y ahí termina su cometido. Sin embargo, hoy no funcionaba ninguna de las cuatro básculas. Casi treinta personas formaban una cola, mientras los empleados intentaban arreglar una de las básculas. En realidad, sólo un empleado toqueteaba el aparato de medición —se atascaba el papel en que se imprime el precio—; y los otros cuatro miraban. Madrid. 26 de septiembre de 2008 En la televisión han emitido un programa en que cinco personas de una misma ciudad compiten demostrando quién cocina mejor. De lunes a viernes se turnan; cada día hay un anfitrión y cuatro invitados que, tras los postres, votan en secreto la calidad de la cena. Ayer la anfitriona ofreció pollo al curry con arroz, tortita mejicana con guacamole y queso, entremeses minúsculos y un, en vez de pastelitos o tarta, un zumo al final. Ella imparte clases de yoga y asegura que tiende a unirse con el karma. Admitió que está enamorada de sí misma —el flechazo sucedió durante un viaje a Estados Unidos—. Además, sentó a los comensales en el suelo. Los invitados le dieron una nota media de 3 puntos. Madrid. 25 de septiembre de 2008 Me han remitido la referencia de un vídeo donde la ministra Maleni demuestra su don de gentes, su natural disposición a dar explicaciones y su facilidad de palabra y de compresión intelectual. Leo en El Mundo que “Bruselas veta los lácteos infantiles de China tras intoxicarse 53.000 niños”. Hasta la fecha no teníamos problemas con lo que se producía en China. Gran parte de lo que importamos de este país está fabricado por empresas de capital europeo o americano. Apenas realizamos controles aduaneros, para corroborar que nos traemos trigo limpio de allá. Ahora, cuando más pueden esperarse medidas proteccionistas, para atajar la depresión económica; justo ahora empezamos a mirar con lupa lo que compramos a los chinos. ¿Quién sabe? Quizá dentro de unos meses dejaremos de ver la leyenda “made in China”. Ya lo ha sugerido nuestro ministro Sebastián: “Que los Reyes Magos compren estas Navidades juguetes españoles”. Madrid. 24 de septiembre de 2008 Me envían esta foto. Aunque la hayan manipulado —quizá sí, quizá no—, resulta demasiado veraz.
Madrid. 23 de septiembre de 2008 He localizado a algunos antiguos compañeros del colegio, gracias a Facebook. Me he enterado de que un amigo mío los acaba de encontrar y agregar a su listado. Uno ha añadido varias fotografías de cuando teníamos seis u ocho años. A algunos les cuesta recordar quién es cada cual. Por eso en un mensaje privado le he dicho al que ha puesto las fotos cuál es mi segundo apellido, aparte de ciertos detalles y sucesos. Al poco me ha respondido, con toque risueño y alegre. Y me traslada una anécdota cuya memoria le ha permitido reconocerme. Madrid. 19 de septiembre de 2008 En casa nos hemos reunido un grupo de ocho amigos. Este verano habíamos coincidido unos días en Galicia. Compartimos casa, hicimos comidas y excursiones juntos. Esta noche hemos tomado chorizo a la sidra, ahumados, quesos, lomo, jamón, pimientos y algo más. Hemos bebido tres botellas de tinto, una de cava, seis cervezas, aparte de liquidar algunos licores y ginebra. Una ha traído varias tarrinas de helado de La Sirena. Fantástico. Otra se ha confundido y ha comprado Coca-Cola sin cafeína. La velada ha durado casi cinco horas. Madrid. 16 de septiembre de 2008 He telefoneado a mi hermano. Mi sobrino ha descolgado, y le he preguntado qué tal había empezado las clases. Está en plena adolescencia rebelde y me ha dicho que aún no ha comenzado su curso. Recuerdo que mi vuelta al colegio siempre me provocaba ampollas en los talones. He leído que Zapatero ha participado en la cena que da fin al Ramadán. Muy laico. A lo mejor dentro de medio año lo vemos tomar bacalao los viernes, o rezar el rosario los sábados. Asegura que se siente satisfecho por la influencia del Islam en el pasado de España. Parece que aún no le han impartido las famosas tres sesiones sobre Economía, y que le harán falta bastantes más sobre Historia. El Pardo. 14 de septiembre de 2008 Estamos pergeñando planes para los siguientes fines de semana: Pamplona, Barcelona, Alicante, la sierra, Palencia. Después de un pequeño paseo junto al Manzanares, hemos asistido a misa. Celebraban la festividad local y la ceremonia ha durado una hora y cuarto. Cerca de nosotros, una niña vestida de rosa se tapaba la nariz, para no respirar el aroma a incienso. Luego, se ha acercado a una pila de agua bendita, para mojarse los dedos, santiguarse y santiguar a su muñeco. El Berrueco (Provincia de Madrid). 13 de septiembre de 2008 Antes de comer hemos comprado lo necesario para la semana. En las estanterías de las salchichas hemos encontrado una lata de aperitivo “hallal”, es decir, preparado según las indicaciones islámicas. Se define por dos rasgos principales. El primero, que la carne no contenga cerdo. El segundo, que el matarife hubiese recitado una oración a Allah en el momento de degollar el cordero, ternera o pollo.
Hemos pasado la tarde en El Berrueco, junto a la orilla meridional del Atazar. Hace fresco, estamos por debajo de los veinte grados. Se oye el cencerro de una vaca parda. Las gallinas picotean en su corral; el sol da lustre a sus plumas. Las zarzas conservan algunas moras bien negras y sabrosas. Huele a lavanda y romero. En una iglesia celebran una boda. Hemos entrado durante los esponsales. El cura ha solicitado a los novios que expresaran su compromiso. Él ha dicho a la novia, espontáneo, “me quiero casar contigo”. El sacerdote, en medio de las risas de los amigos y familiares, le ha respondido que resultaría mejor leer el libro de liturgias que les tenía abierto.
Cuando hemos vuelto al pueblo, el sol se apagaba por momentos, con un dulzor marchito, medio rosáceo, medio naranja. Nos ha entrado un hambre recia. Habíamos comprado chorizo y sidra con los que pensaba empezar una cena que quizá celebre el próximo fin de semana. Pero hemos decidido cocinarlo esta misma noche. Antes de coger el coche y regresar, hemos inspeccionado por fuera una casa rural situada en un extremo de este paraje. Cuenta con un ala redonda en la que entra luz por unos vanos oblongos. Contrastan la piedra de los muros y la disposición oblicua de estas ventanas que no muestran la intimidad del interior.
En casa hemos asado unas sardinas, mientras la sidra ardiente cocía el chorizo, cortado en rodajas con una pulgada de grosor. La sidra, turbia y sin burbujas, por supuesto. Madrid. 10 de septiembre de 2008 Anoche cayó una granizada descomunal. Empecé a oír un ruido estrepitoso, como si tiraran docenas, cientos de cascotes y escombros por el patio interior. El estruendo aumentaba, ensordecía. Miré y entendí que nubes de hielo se estaban desplomando sobre nosotros. La calle aparecía blanca, con un río impetuoso que ocupaba la calzada. La alarma de docenas de coches empezó a sonar, con una sintonía sorda y de luces nerviosas. Un granizo del tamaño de canicas, huevos de codorniz, bolas de futbolín.
Galicia, Málaga, Madrid. Agosto de 2008 He dejado de usar ordenadores. En la playa había poca gente, delicioso. Pocos vecinos y bien avenidos; fiestas en el jardín, copas nocturnas en bares a la orilla del mar —con decoración ibicenca—, velero, buceo, cenas de marisco, tardes de lectura y cháchara. Paseos por el monte húmedo, respirando el aroma de los pinos y los castaños.
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| © J. M. Sánchez G. | ||||