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Madrid. 30 de diciembre de 2008 He comprado solomillo de buey y una pequeña bandeja de lomos de salmón ahumado. La comida de Año Nuevo y la cena de mañana. No tomamos uvas, ni siquiera presto atención a las campanadas. Prescindo de veladas copiosas en Nochevieja. En esta ocasión cenaremos en casa —sin corbata ni ceremonia— tortitas con salmón y queso de cabra curado. Las calentaremos un poco, lo suficiente para tornar el naranja gelatinoso del salmón en un rosáceo pálido. Se pegará —sin mezclarse— con el queso, no derretido pero sí cremoso. De postre, sorbete con cava.
Madrid. 26 de diciembre de 2008 Anoche celebramos la cena de Navidad casi toda la familia. Quince personas. Madrid. 20 de diciembre de 2008 Me ha llegado al buzón una felicitación navideña de una antigua compañera de facultad. Igual que en todas las cartas que me ha escrito, cierra el sobre, debajo del remite, con una estrella dorada adhesiva. Es santanderina y del Barça. A ambos siempre nos gustaba que me llamara Pep. Como con mis padres. Mi madre ha cocinado unas migas con un chorizo ibérico que me regalaron hace un par de días. Las degusto con lenta fruición, masticando a veces con los ojos cerrados, y bebiendo vino tinto. Sin embargo, mi padre estropea la comida con su manía de tener encendida la radio. Se oye la Cope con sus desesperanzadoras noticias. Madrid. 19 de diciembre de 2008 Invito a un matrimonio amigo a una comida de Navidad. Son clientes y casi todos los meses me convidan en un restaurante que pilla cerca de la oficina. Ahí sirven un atún rojo delicioso que recuerda en sabor y textura al solomillo de cerdo. Se trata de un local recoleto donde siempre pido tempura de verduras; y a veces huevos fritos con patatas. Madrid. 16 de diciembre de 2008 No he desaparecido, aunque quizá lo pretendo. Lo que pasa es que estoy pergeñando unos relatos. Anoche vi unos minutos de un partido de rugby televisado. Jugaba un equipo británico contra el de Perpiñán, que llevaba las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. El locutor, que se encontraba en Barcelona, se empeñaba en decir “Perpinyà”. No “Perpignan”, sino “Perpinyà”. Madrid. 6 de diciembre de 2008 El otro día pasó la tarde con mis padres un matrimonio amigo suyo. Hace más de treinta años que se conocen, pero en esta ocasión, ella estaba algo apagada, sin chispa en la sonrisa. Él sigue fumando un pitillo cada cinco minutos, repite plato, se sirve más vino. No para de hablar y suele apostillar con un “¡Escucha!”. Al despedirse, ella le ha dicho a mi madre: “Te quiero mucho”. Nunca se había expresado de ese modo. Recuerdo que, poco antes de empezar la carrera, y tras sufrir un accidente, ella venía a casa y me masajeaba la cabeza. El Boalo. 30 de noviembre de 2008 La semana pasada llevé dos cuadros para decorar la casa de mi amiga de El Boalo. Los colocamos en la cocina. Hace unos veinte años que pinté los cuadros.
Madrid. 27 de noviembre de 2008 La semana pasada acudí a un funeral. Había muerto el padre de una amiga. Ella está soltera y navega sola bastante bien. Él vivía separado de la madre desde hace quince años o más, cuando se descubrió que se entendía con una compañera de trabajo. Un entendimiento que, además, ya duraba un largo tiempo. Esta amiga no veía al padre, ni hablaba con él, desde entonces. Pero lo ha acompañado durante su última semana en este mundo, igual que el resto de hermanos. Durante esa década y media, la madre, católica convencida, no se propuso “rehacer su vida”. Ayer estuve en la biblioteca pública, que depende de la Comunidad de Madrid. Debió de ser el año 1993 ó 1994 la primera vez que entré en esa biblioteca, y ya entonces la gestionaba el gobierno regional. Ayer intenté localizar tres o cinco libros y me acabé llevando prestado uno sobre abejas —me intriga que en cuatro años nadie sepa por qué en todo el mundo están desapareciendo las colmenas—, otro de Jack Kerouac y un ejemplar desgastado de “El Proceso”. Mientras deambulaba por las librerías, me topé con una sección denonimada “Estudios de género - feminismo”. Ocupa unos diez estantes; unos 300 ó 400 libros al menos. La parte de “Cristianismo” apenas cuenta con un número similar de baldas. La zona de “Filosofía” al completo abarca casi veinte anaqueles. Por otro lado, la estantería de exposición muestra dibujos contra la guerra de Iraq. Al menos, leyendo conozco algo más sobre la miel y los zánganos. Incluso las abejas pueden enfermar; parásitos, peste, ácaros... Mi madre se fue con unas amigas, para ver la película “Bella”. Los elogios con que me habían hablado de “Bella” me han disuadido de acercarme a un cine, si bien mi interés por este largometraje era poco. A mi madre le ha gustado. Madrid. 24 de noviembre de 2008 Se me nota mucho el estado de ánimo. No lo puedo ocultar. Quizá tampoco lo intento. Y quizá por eso no miento; me cuesta aparentar lo que no siento o no pienso. Teniendo en cuenta esta circunstancia personal, para negociar prefiero callar, esperar y, sobre todo, hacer esperar. En Pamplona, según comentan en Telemadrid, están colocando etiquetas de gran tamaño en eso que llamamos “mobiliario urbano”. Al parecer, el ayuntamiento local quiere inculcar a los vecinos cierta responsabilidad, para que cuiden la vía pública. De una papelera han colgado un rótulo con el precio: 10.500 euros. De un banco callejero, donde se sienta el abuelo para echar migas a las palomas, otra donde se lee la cantidad de 200.000 euros. ¿Seguro? Visto lo visto, el Ayuntamiento de Pamplona no compra en Ikea. El otro día me enteré que de Hacienda va a requerir de las entidades bancarias todos los detalles de las transacciones o imposiciones que superen los 3.000 euros. En un noticiario hablaron del agua mineral. En algunas tiendas muy contadas venden marcas —para un servidor desconocidas— cuyo precio alcanza hasta los 90 dólares por botella. Botella de un litro. No se referían a Solán de Cabras, Vichy Catalán o San Pellegrino, por supuesto. Los clientes de estas marcas son gente sencilla, como los Beckham. La semana pasada me llegó el mail de una amiga. Traslada una oferta de una conocida o familiar suya que pone en alquiler un piso en la calle Núñez de Balboa, a la altura de Goya. La oferta es la siguiente: pide 800 euros al mes, dos meses de fianza y seis de aval bancario. Se trata de un hogar de 38 metros cuadrados que da a un patio de luces. Eso sí, este apartamento se encuentra “completamente amueblado”. Aunque, “completamente amueblado”, ¿cuántos metros cuadrados quedan libres? El Boalo. 15 de noviembre de 2008 El mes pasado un pariente muy mío se sometió a una operación. Nada de importancia, pero sí de molestia. Sobre todo porque, siendo presidente de la comunidad de propietarios, algunos vecinos sienten, por rachas, la necesidad de incordiarlo. Uno de los vecinos anda por los 35 años y planea colocar una pajarera en la azotea del edificio. Pregunta al portero y le responde que eso depende de la comunidad. Pero que no moleste al presidente, porque lo acaban de operar “de un forúnculo”, matiza desde su libre interpretación, sin más indicios que los vertidos de su caletre. Sin embargo, el vecino porfía ansiando su jaula para avecillas de Dios. Como aquella que endulzaba la condena de un prisionero. De manera que el joven inquilino llama, justo a la hora sexta —por algo tiene ese nombre—, a la casa de este pariente muy mío. El pobre se mueve con una sonda urinaria que termina en una bolsa de plástico. El líquido que emana es turbio, a medio tono entre el vino rosado y el tinto. El otro día encontré setas en un tocón que hay cerca de casa.
He pasado la mayor parte del día en la nueva casa de una amiga. Sol nítido y cálido de otoño. He llevado dos botellas de vino, queso de cabra y jamón. Estábamos seis para comer. De primero unas lentejas estupendas con zanahorias y arroz. Ella prefiere cocer las verduras en vez de hacer un sofrito antes de echar las lentejas. Cuando servíamos el segundo, se ha presentado un matrimonio con una hija de unos once o doce años. Hemos bebido una botella de Toro y otra de Ribera de Duero. Después del café, el té y el tabaco, se han marchado tres y el resto nos hemos dado un paseo.
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| © J. M. Sánchez G. | ||||